lunes, diciembre 11, 2006

El sentido de pertenencia

Aun recuerdo el día que llegué a Lima para quedarme. Era la segunda vez que lo hacía, esta vez, a fines de los 80s. Era apenas un adolescente esmirriado e imberbe con expectativas difusas, extraviado frente a un cielo diáfano, bajando del avión. La realidad no tardaría en llegar con la avenida que da al aeropuerto y sus áreas laterales saturadas de basura ardiente que hicieron evidente aquello que para mis fueros, caracterizaría a esta ciudad hasta hoy en día: el olor a humo de basura en los conos, la miseria en las calles y un desenfreno inexplicable de la gente, de los autos y de los omnibuses por ganarse mutuamente el paso.
Shock cultural
La vida en Lima para un adolescente formado en la anarquía de una niñez al antojo del clima y adolescencia de apasionamiento exacerbado por los muchos grados centígrados del trópico era, hasta cierto punto, traumática. No se podía visitar a ningún camarada, por que ninguno estaba aquí; a diferencia del pueblo en el que sólo salías a la puerta de la casa y los encontrabas. Las chicas eran terreno oscuro, con hábitos virreinales de cortejo infinito, muy diferentes al te miro, me gustas, te gusto y nos besamos. Era la imagen de fantasía que tenía de la pequeña ciudad. Hubo, ciertamente, más de un desplante de no pocas asustadas por los ímpetus de ese muchacho de la selva, rápido y directo, desprovisto de cualquier sofisticación (complicación) urbana.
Shock académico
Conocimientos increíblemente pobres frente a los retos de las academias preuniversitarias fueron la norma del principio. Razonamiento matemático, física, álgebra e incluso aritmética eran idiomas nuevos, difíciles de entender. Gran desafío, que luego de mucho esfuerzo, paciencia y harta comprensión materna y paterna, se pudo superar. Las limitaciones de nuestra formación escolar se hicieron evidentes, sobre todo en estas primeras etapas.
Shock Económico
La pensión mensual de estudiante provinciano súbitamente se desintegró por el primer y segundo shock de 1989 y 1990, aún en gobierno aprista. Fue una manera brutal de entrar en contacto con esa ciencia no exacta, pero tan sencilla de entender, que es la economía. Comprendí de manera salvaje que algo terrible estaba pasando con la administración del Estado. Algunos años después en un trabajo universitario corto de investigación que hice sobre el manejo de la economía del gobierno de los 85-90, comprendería la magnitud del despropósito y, sobre todo la insensatez con que nos habían conducido a muchos a la angustia económica y, a otros, a una miseria, insuperable hasta hoy.
Respuesta: sentimiento de pertenencia
Ante tanta amenaza, el animalillo salvaje, ajeno, en una ciudad inmensa e impersonal, tenía una identidad que lo mantenía alerta. Era la sensación de pertenencia a un grupo, a una pequeña sociedad de privilegiados, aquella que se había nutrido de la exhuberancia de la naturaleza, del gozo de la libertad, de la cercanía del calor humano, de las trochas, de las cochas, de los pozos, de sus aguas, del contacto permanente, del saludo, del abrazo y también del chisme de esquina. No perder ese sentimiento, ha sido clave en la construcción de una identidad propia, nueva, común, pienso, en todos los de nuestra tierra alrededor del país y del mundo. Y seguirá siendo clave.