domingo, diciembre 05, 2010

Vargas Llosa

Fue en 1982 la primera vez que tomé conciencia de este formidable peruano. Y no por su producción literaria, sino por el resentimiento y distancia que generó la posición política que varios años antes había adoptado, en los izquierdistas de la época.

Uno de ellos fue mi profesor de los últimos años de la primaria, uno muy bueno a decir verdad, al que se le perdona los inevitables excesos atribuibles a sus convicciones. Este profesor de tanto en tanto nos daba consejos sobre la vida, cómo abordarla, sobre las bondades de la buena lectura, sobre las tendencias mundiales de la política, y cómo no, sobre lo que nos esperaba en la secundaria. Cierto día, hizo el siguiente comentario: - Uds deben siempre tratar bien a todas las personas, sobre todo a aquellas que pertenecen al pueblo- y en un giro inesperado, acotó: - no como Vargas Llosa, quien se negó a recibirme para una entrevista, porque no estoy a su nivel -. Y luego abundó en detalles del hecho.

El incidente, según lo narrado por el profesor, habría ocurrido en visita que el escritor había realizado a Puerto Maldonado uno o dos años antes, en el todavía Hotel de Turistas (Hoy Hotel Don Carlos), donde se hospedaba. La imagen del profesor gesticulando, mientras nos lanza esa mirada fiera e indignada, que siempre parecía tener, frente a tanta iniquidad e injusticia de nuestro mundo capitalista, no se ha borrado de mi mente. Como tampoco la curiosidad que experimenté por conocer a ese escritor distante y distanciado sobre el cual se empezaba a generar esa imagen de operador interesado del “sistema de expoliación de los más pobres”, pero que, contrario a lo que hubiera deseado mi buen profesor, llegó a influenciar en gran medida mi propia vida y convicciones personales a través de sus personajes y de sus ideas plasmadas en sus ensayos.

Algún tiempo después de la anécdota, lo encontré en una versión trajinada La Ciudad y los Perros, mientras hurgaba entre los no muchos volúmenes de la esforzada biblioteca de la casa, surtida con ediciones juveniles de Don Quijote de la Mancha, de colecciones de clásicos españoles (García Lorca, Unamuno, y otros que nunca llegué realmente a leer por lo densas que me parecían), La Serpiente de Oro, Los Perros Hambrientos, Las Aventuras de Tom Sawyer, La Guerra y la Paz, La Madre, Crimen y Castigo, El Mundo es Ancho y Ajeno, cientos de Comics de la época (Aguila Solitaria, Dartagnan, Rico McPato, etc) revistas Caretas por doquier y, alguna que otra revista “Z” que, mis hermanos mayores “escondían” en las partes bajas y que también curioseábamos impune, culposa, fruitiva y precozmente en algún rincón oscuro de la casa.

Entonces lo conocí a través del Poeta. Esa primera interacción con él, con su mundo, fue de enorme relevancia, desde el primer año de la secundaria en el Colegio Nacional Guillermo Billinghurst de Puerto Maldonado, donde los compañeros, mayormente fuera de edad para el grado correspondiente, superaban a los pocos en edad adecuada, en dos o tres años, que en esa etapa de la vida hace gran diferencia. La estrategia, copiada del poeta fue clave en la supervivencia individual, en ese pequeño mundo Neanderthal de adolescentes del colegio. Como él, sólo restaba explotar el ingenio, el manejo idiomático o la elaboración de misivas y mensajes de amor o historietas, para contrarrestar y/o mantener controlados o entretenidos a los más grandes y avezados.

Algunas anécdotas específicas vienen a mi mente, mientras confirmo raudamente en Internet, en el diario El País de España la noticia que no creía de la narradora de noticias de las 6:30 am del 7 de octubre de 2010. En efecto, Vargas Llosa, ha recibido el Nobel de Literatura. Un sobrecogimiento me invade, y la emoción que acongoja, pero que contrarresto regodeándome con los cientos de mensajes de todo el mundo hispanohablante reconfortándose con la noticia y se agolpa en mi mente, y me causa risa involuntaria, el recuerdo de aquel cuarto de hotel en el Cusco en donde induje a la jauría de mis compañeros a echarse un “concurso de pajas” montando una escenografía adecuada y un rápido sistema de apuestas sobre quién sería el ganador. Gana "pepino". También como el poeta, hubo días negros de resignación frente a la chanza y la burla, parte del aprendizaje permanente para sobrevivir en este mundo salvaje y de supervivencia donde vivimos y contenemos los mismos ímpetus, de esa juventud, con resabios de civilización e hipocresías.

Entre los cientos de mensajes, luego de varios años, ya tengo las ideas de Vargas Llosa, seduciéndome el tercer año de estudios en la heterodoxa Católica, en los pasillos de la facultad, mientras no me canso de leer su prédica a favor de la libertad del individuo para desarrollar su potencial sin restricciones a su participación en la política, en la economía, con una cerrada, coherente, consistente y militante lucha contra todo tipo de dictaduras y satrapías consagrando siempre al individuo como el eje. Ese espíritu contracorriente es muy fuerte y en la Católica, los textos y autores libertarios no son muy difundidos, pienso, y entonces promovemos, con la complicidad del Instituto de Economía de Libre Mercado del Perú la divulgación de textos de autores como Gary Becker, Hayek, Mises, Karl Popper y peruanos como Pedro Beltrán e incluso el texto de Boloña Cambio de Rumbo. Muchos compran estos libros, y pensamos que estamos contribuyendo en algo a ampliar las oportunidades para conocer a pensadores no incluidos en los cursos regulares ni de economía ni de historia del pensamiento económico.

Mas mensajes en la red, algunos critican la elección de Mario con diversos argumentos y caigo en cuenta que a pesar de su trayectoria jamás habrá consenso en torno a su figura, como librepensador o por sus posiciones políticas. Y otra anécdota, casi belicosa, viene a mi mente, a principios de los 90’s mientras un amigo de mi hermano mayor, despotrica de MVLL, de su posición política de su “falta de principios” y yo no puedo contenerme más y le enrostro lo absurdo de su argumentación, puesto que estamos refiriéndonos a uno de los pocos personajes públicos peruanos que realmente tiene principios transparentados y actúa consecuente con ellos, hecho sin precedentes en la fauna de personajes políticos, intelectuales, artísticos, etc, cuyas consistencias de supuestos principios versus conductas son de los más frágiles. Esa discusión no la pude ganar, obviamente, había una cerrazón casi autodestructiva de muchos sectores de la población frente a este personaje, que hoy se yergue en la cima de la consecuencia y convicciones, y se convierte en una reserva de moral y de principios, necesaria para construir un país diferente, un país que nuestros hijos ya se merecen.

Han pasado ya varias semanas desde que escribí lo anterior. Esta semana se le entregará finalmente el premio por su genialidad literaria y luego también en el Perú será celebrado por ello. Sin embargo, MVLL deberá ser reconocido y agradecido, además, por la coherencia de sus convicciones y por haber sido y continuar siendo la conciencia del país frente a la inconsistencia Discurso-Conducta, cinismo e hipocresía que aún campean en exceso en todos los espacios, públicos y privados.

sábado, marzo 20, 2010

Donde se fue el Carnaval de Puerto Maldonado?


Tendría unos 8 años, el recuerdo aún permanece, perdido en la muchedumbre de una de las tantas pandillas que se formaban espontáneamente cada carnaval en Puerto Maldonado. La ciudad, para nosotros, el pueblo para la gente de los caseríos, se convertía cada domingo de febrero, previos al miércoles de ceniza, en tierra tomada por las pandillas. Estas seguían a las comparsas en su danzar a lo largo de las calles de tierra, llenas de cochas empozadas estratégicamente por las lluvias de la temporada. Nadie ni nada más se movilizaba por la ciudad, bajo riesgo de ser victimado por el carnaval. “Carnaval manda y nadie lo demanda” decíamos con impunidad.

Los puntos de referencia solían ser los lugares donde algunas familias plantaban la umisha o unsha, “arboles” de Huasaí trabajados especialmente para sostener en la cúspide tejida, todo tipo de presentes que se ofrecían a los danzantes que bailaban la pandilla amazónica, embriagados, y que tenían que derribar el árbol, con el hacha, pero soportando un sinfín de rodillazos aleccionados por el bombo y la flauta, en el clímax de la fiesta de carnavales, aquellos carnavales de Puerto Maldonado.

El carnaval diurno se vivía y hacía en las calles y frente a las casas de estas familias carnavaleras. No tengo memorias del carnaval nocturno de esos tiempos. Las decenas de niños, adolescentes y jóvenes que conformaban las pandillas seguíamos a las comparsas en su recorrido, echando pintura, grasa de mecánica, anilina, tinte de Huito o mojando simplemente, botando a la cocha a las chicas y también a veces a los chicos desconcertados de cada año, peinando todos los barrios de la ciudad. Desde barriolindo, pasando por los alrededores de la plaza de Armas, hasta el pueblo viejo.

A veces, a la vuelta de una esquina, algunas pandillas se encontraban cara a cara. Las miradas de fiereza, se resolvía rápidamente con gruñidos de desdén. Luego cada una seguía su propia ruta, siguiendo a los líderes que iban adelante, para coincidir nuevamente en una Unsha o al final en Pueblo Viejo, en el puerto, para despedir al Ño Carnavalón.

Los más jóvenes éramos los que teníamos un contacto más cercano con nuestros equivalentes en la pandilla vecina, pero era una interacción, que aunque tensa al principio, no dejaba de relajarse por la curiosidad de ver de cerca, muchas veces por primera vez, a aquellos muchachos y muchachas que vivían, sin embargo, a no más de dos kilómetros de nuestros respectivos barrios (cuando adolescentes, nos volveríamos a encontrar, pero ya en otras circunstancias). Recuerdo cierta ocasión cuando ya entrando en la adolescencia me crucé con dos chicas de mi generación y algunos muchachos con los que nunca antes había interactuado, congeniamos rápidamente y nos unimos en un subgrupo de la pandilla. Algunos años, el Club Social, en su sede, organizaba fiestas para los más jóvenes y el carnaval para nosotros, ni siquiera en la noche, sino al caer de la tarde se trasladaba al talco y al baile sin parar. No había Manguaré aún y los niños aterrorizaban el vecindario con los infames “matacholos”.

La pertenencia a una pandilla no tenía una regla claramente establecida, aunque se generaba por el nivel de familiaridad con los líderes o con otros integrantes de las mismas. Los más chiquitos no se unían a las pandillas y permanecían en sus cuadras y barrios, mojando, pintando o también echando a la cocha, a victimas de ocasión, pero respetando siempre una frontera establecida, la cual, sólo se aventuraban a sobrepasar con la pubertad. Se jugaba en todas las calles y esquinas de la ciudad.

Al finalizar el día, los del barrio de la intersección de la Gonzales Prada y Arequipa, coincidíamos en el pozo de Mallea, donde se podía uno limpiar el cuerpo, impregnado de la grasa y la pintura, incluyendo el cabello y las pestañas, con paciencia y cuidado, aprovechando el agua interminable de ese manantial, hoy creo inexistente. Al retornar había que cargar por lo menos un balde de agua, y subir por las empinadas escalinatas de tierra, porque en esos tiempos el agua potable dejaba de fluir con mucha frecuencia.

¿Dónde se fue ese carnaval?

Casi tres décadas después, el carnaval no se vive más en las calles. Eso lo pude comprobar de varios viajes de ocasión a Puerto, pero sobre todo en los dos últimos años (2009 y 2010). En febrero y marzo de dichos años, tanto sábado como domingo, me aventuré por las calles y barrios de Puerto, con la esperanza de verme reflejado en algún rapazuelo de esquina o encarar repentinamente a una pandilla, acompañar a una comparsa en su danzar o quizás sentir el repentino baldazo de agua fría por la espalda. Pero, ninguna de esas cosas ocurrió.

Salvo algunos niños y otros adolescentes, fuera de época, jugaban en algunas de las calles, sin la irreverencia de los años idos. En realidad, Puerto Maldonado, ha adquirido otra dinámica. Ya no se paraliza por el carnaval. Y si bien muchos se involucran en las fiestas, las calles sitiadas por las pandillas y la algarabía de danzantes y carnavaleros, ya no están más.

Me pregunté entonces, ¿dónde se fue el carnaval? (Diurno y Nocturno)
Con el tiempo, se fue alejando de las calles, sobre todo el carnaval generalizado, y las danzas de las pandillas, que en algún momento sospecho, seguro hasta casi desaparecen. Se fueron, arrimados por el influjo incontenible de gentes de todas partes del Perú, con otras tradiciones, o con otras formas de celebrar carnaval, que llegan a colonizar esta tierra de colonos sin sosiego, que no tienen tiempo de asimilarse en la cultura tradicional amazónica preponderante en los tiempos pasados, por este constante venir de nuevas gentes.

Entonces el carnaval de siempre, el de antes, se fue escondiendo avergonzado de su intrepidez callejera, para recrearse hoy en día sólo en algunos locales de bailes, convertidos en templos del espíritu del carnaval amazónico, con su pizca de influencia brasilera.

Sin embargo, varias veces me vino a la mente la idea que este recular de las calles a los locales abiertos no tiene por qué ser el fin del carnaval madrediosense. Estos locales, entre ellos el ya legendario Manguaré y muy recientemente el Cetico, han logrado mantener viva una tradición, un elemento clave de la cultura creada en Madre de Dios, por los pioneros, por las primeras generaciones de migrantes y sus descendientes.